Guía de compra·5 min de lectura
Malla o espuma: qué asiento es mejor para jornadas largas
Es la duda más repetida al comparar sillas. Las dos pueden ser cómodas los primeros cinco minutos; la diferencia está en la hora cuatro y en el segundo año.
Por Equipo Silla Studio · 9 de octubre de 2026

Cuando pruebas una silla en tienda, la espuma gana casi siempre: es blanda y acogedora. Pero una silla de trabajo no se prueba en cinco minutos, se usa ocho horas al día. Y ahí la cosa cambia.
Cómo se comporta la espuma
La espuma reparte el peso al hundirse. Con el calor del cuerpo se ablanda, y con el uso pierde altura. Una espuma de baja densidad puede perder entre un tercio y la mitad de su grosor en un año, y en ese momento estás sentado prácticamente sobre la base. Además, retiene el calor: en verano, la zona de contacto suda.
Cómo se comporta la malla
Una malla tensada funciona como una hamaca: reparte la presión en toda la superficie sin un punto de apoyo concentrado, y el aire circula por debajo. No cambia de forma con los meses, siempre que la tensión sea buena y el bastidor no ceda. Las mallas baratas, en cambio, se destensan y acaban con una hondonada en el centro.
Entonces, ¿cuál elegir?
- Más de cuatro horas seguidas al día: malla de calidad, sobre todo si tu habitación se calienta.
- Uso ocasional o pocas horas: una espuma de alta densidad (mínimo 50 kg/m³) aguanta bien.
- Si tienes un punto de presión en el cóccix: busca asiento en cascada, con el borde delantero curvado hacia abajo, sea del material que sea.
Un detalle que casi nadie comprueba: el borde delantero. Si presiona la parte de atrás del muslo, el material del asiento da igual; a la hora tendrás las piernas dormidas.



